Cuando el paso del tiempo logra apagar el fuego de mi cara, fuego que había sido encendido por un aglutinamiento de sangre en mi cabeza, (sangre que, comandada por la risa llegó a mi cabeza, y sin poder continuar su camino no tuvo más remedio que prenderse fuego), me dispongo a continuar con el camino, de él restan un pedrero y una pared de piedra hasta llegar a la cima.
Encaro el pedrero y, de un momento a otro, existimos sólo las piedras y yo, el resto se apaga, se torna difuso, los ruidos se pierden antes de alcanzarme, las formas se mezclan entre sí perdiendo su carácter de formas. En mi mente reina el silencio y hay un solo objetivo: decidir sobre cuál piedra daré mi próximo paso. ¿Será sobre esa que aparenta estar firme? No creo que se mueva, pienso, si calza perfecto sobre otras dos. ¿O será sobre aquella otra? Es grande, no creo que me falle tambaleando y haciéndome perder el equilibrio. El ritmo de la acción va más rápido que mi cabeza, y por más que me fuerce, siempre queda la posibilidad de que la piedra elegida no haya sido una buena elección, de que esa piedra se mueva y me tire al suelo si mis reflejos no logran restituirme el equilibrio a tiempo. La inercia no me deja terminar de evaluar las opciones, en parte porque estas opciones son infinitas, y mi análisis es cortado en seco por el avance de mi cuerpo, dejándole a mis pies información incompleta para que terminen de decidir por ellos mismos dónde me arrojarán con el siguiente paso.
¿Esta sensación no les resulta familiar? Me refiero a sentirse completamente absorbidos por la decisión inminente sobre el próximo movimiento. Porque yo me animo a extrapolarla a cualquier juego donde haya acción, sea fútbol, rugby, básquet, o cualquiera de los tradicionales, tanto como el Counter Strike, y todos aquellos que se juegan con una computadora. Creo que amamos tanto los juegos de acción porque van más rápido que nosotros, y nos sumergen en un estado mental donde todo el resto desaparece, donde quedamos solo nosotros y una decisión que tomar: dar un pase, picar para este o aquél lado, un estado mental donde me quedaría para siempre.
Recent Comments